2 de jun de 2010

Carl O. Sauer - A morfologia da paisagem (parte 4)

El paisaje natural: base climática. El segundo vínculo en importancia que conecta a las formas de vida del paisaje natural en un solo sistema es el clima. Podemos decir de manera confiada que el parecido o el contraste entre los paisajes naturales a campo abierto es el clima. Podemos ir más lejos, y afirmar que bajo un clima determinado se desarrollará con el tiempo un paisaje distintivo, y que el clima termina por cancelar el factor geognóstico en muchos casos.

La fisiografía, especialmente en sus textos, ha olvidado este hecho en gran medida, o lo ha subordinado de tal manera que sólo puede ser leído entre líneas. El fracaso en observar cómo la suma climática de factores fisiográficos difiere en gran medida de una región a otra puede deberse a la insuficiente experiencia en áreas climáticas diferentes y a una predilección por el enfoque deductivo. La mayor parte de los estudios fisiográficos han sido hechos en latitudes intermedias de abundante precipitación, y ha ocurrido una tendencia a pensar en los procesos en términos de un medio climático estandarizado. Incluso la apreciación de un único conjunto de fenómenos, como por ejemplo las formas de drenaje, resultará probablemente muy convencionalizada, debido a la aplicación esquemática del proceso fisiográfico estandarizado y de los resultados del mismo a Nueva Inglaterra y a los Estados del Golfo, a las costas del Atlántico y del Pacífico, para no mencionar los desiertos, los trópicos y los márgenes polares.

Sin embargo, al empezar por la diversidad areal de climas, consideramos a un tiempo diferencias en la penetración diurna y estacional del calor y el frío; la expresión areal variante de la precipitación en su monto, forma, intensidad y distribución estacional; el viento como un factor que varía con las áreas, y sobre todo las numerosas posibilidades de combinación de temperatura, precipitación, tiempo seco y viento. En suma, ponemos mayor énfasis en la totalidad de las condiciones del clima en el moldeamiento del suelo, el drenaje y los rasgos de la superficie. Geográficamente es mucho más importante establecer la síntesis de las formas del paisaje natural en términos del área climática individual que guiarse por la mecánica de un proceso único, que rara vez se expresa a sí mismo en una forma terrestre de cualquier gran extensión.

La armonía del clima y el paisaje, insuficientemente desarrollada por las escuelas de fiografía, se ha convertido en el elemento clave de la morfología geográfica en sentido físico. En este país, el surgimiento de este concepto debe ser buscado sobre todo en los estudios del Oeste árido y semiárido, aunque éstos no desembocaron de inmediato en el descubrimiento de la existencia implícita de un conjunto distintivo de formas terrestres para cada clima. En la categoría de forma morfológica de suelos, el factor climático fue descubierto plenamente por estudiosos rusos33 , y fue utilizado por ellos como la base primaria de clasificación de suelos de una manera más integral que la que había venido siendo aplicada a las formas topográficas.34 Bajo la dirección de Marbut el sistema climático se ha tornado basal para la labor de la Oficina de Suelos de los Estados Unidos. De este modo fue preparado el terreno para la síntesis general del paisaje físico en términos de regiones climáticas.35 Más recientemente, Passarge, utilizando la clasificación de climas de Köppen, ha emprendido la elaboración de una metodología comprensiva sobre esta base.36

La relación entre el clima y el paisaje se expresa en parte a través de la vegetación, que contiene o transforma las fuerzas climáticas. Necesitamos, por tanto, reconocer no solo la presencia o ausencia de una cubierta vegetal, sino además el tipo de cubierta que se interpone entre las fuerzas exógenas del clima y los materiales de la tierra, y que actúa sobre los materiales bajo la superficie.

Representación diagramática de la morfología del paisaje natural. Podemos ensayar ahora un diagrama de la naturaleza de la morfología física para expresar la relación de paisaje, formas constitutivas, tiempo, y conectar los factores causales (página siguiente).

El objeto a conocer es el paisaje natural. Se torna conocido a través de la totalidad de sus formas. Estas formas no son pensadas ni en sí mismas ni para sí mismas, como un especialista en suelos observaría suelos, por ejemplo, sino en las relaciones que guardan entre sí y en su lugar en el paisaje, siendo cada paisaje una combinación definida de valores de forma. Detrás de la forma yacen el tiempo y la causa. Los vínculos genéticos primarios son climáticos y geognósticos, siendo los primeros en general dominantes, y operando tanto de manera directa como a través de la vegetación. El factor “X” es la pragmática “y”, el remanente siempre pendiente de ser incorporado. Estos factores están justificados como un instrumento para la conexión de las formas, no como el final de la indagación. Conducen hacia el concepto del paisaje natural, que a su vez conduce hacia el de paisaje cultural. El carácter del paisaje está también determinado por su posición en la línea del tiempo. El que esta línea sea infinita o de una determinada longitud no nos concierne en tanto que geógrafos. En alguna medida, sin duda, la idea de un paisaje de clímax resulta útil, un paisaje que, dada una constancia de factores influyentes, ha agotado las posibilidades de desarrollo autógeno. Usando el tiempo como medio, la aplicación del factor a la forma como una relación de causa y efecto se ve limitada; el tiempo mismo es un gran factor. Estamos interesados en la función, no en una determinación de unidad cósmica. Para todo propósito corológico, el énfasis del diagrama se ubica en su lado derecho; el tiempo y el factor tienen únicamente un papel explicativo descriptivo.

Esta posición con respecto al paisaje natural implica una reafirmación del lugar de la geografía física, ciertamente no como fisiografía o geomorfología, según se la define de ordinario, sino como morfología física que extrae libremente de la geología y la fisiografía ciertos resultados que son incorporados a una visión del paisaje físico como como un hábitat complejo. Esta geografía física es la introducción apropiada a la plena indagación corológica que constituye nuestro objetivo.

Formas del paisaje natural: clima. En la estructura física del paisaje, el clima tiene el primer lugar en importancia. En el diagrama aparece a la cabeza de la lista de formas y también como el factor principal tras la entera categoría de formas. En tanto que forma, el clima es una expresión areal, la suma de los rasgos atmosféricos del área. Este es el sentido en que es tratado en climatología. En la literatura norteamericana, los climas fueron introducidos de manera prominente por primera vez como formas areales, fundamentales para la geografía general, a través de los capítulos de Towers sobre el clima en los Elementos de Geografía de Salisbury, Barrows y Towers. El valor de este enfoque ha sido demostrado por la creciente importancia del papel desempeñado por la climatología en los cursos fundamentales de instrucción. En ningún otro aspecto estamos tan cerca de un acuerdo general como en esto. La climatología es realidad areal; la meteorología es proceso general. El contraste es el mismo que existe entre la geografía física y la fisiografía.

Formas terrestres en el paisaje natural. La tierra incluye cuatro elementos edáficos, o propiedades análogas a las de los elementos climáticos. Estos son: superficie, o forma de la tierra en sentido estrecho; suelo; drenaje, y formas minerales. En el caso de las formas de la superficie, nos ocupamos de un conjunto de hechos de interés para la geomorfología, la fisiografía y la morfología geográfica. La primera se ocupa de la historia; la segunda, de procesos, y la tercera de la descripción y la relación con otras formas. Para nuestros propósitos, las formas de la tierra deben ser vistas como lo son los climas en climatología. En sentido estricto, nos ocupamos únicamente del carácter del relieve, esto es, con expresiones de inclinación y de exposición en su relación con otras formas constitutivas del paisaje. El mapa topográfico, interpretado en términos del significado del uso de diferentes laderas, constituye en principio la completa representación corológica de la forma de la superficie. La relación entre la forma de la superficie y el clima es tan cercana que el agrupamiento de superficies en acuerdo con los climas por lo general suele ser preciso. La relación geognóstica de la superficie también se presta bien para agrupamiento areal de formas de la tierra. La penetración ulterior en la génesis de las formas conduce de manera creciente al alejamiento de los fines geográficos. Es necesaria la restricción a este respecto, y se la obtiene a través de una adecuada comprensión del objetivo de la realidad areal.

La diferenciación areal de los suelos se basa fundamentalmente en diferencias de productividad, o sea, en su significado como hábitat. Los suelos, en tanto que formas constitutivas, son agrupados en primer término según los climas; la clasificación secundaria es geognóstica y, por tanto, también satisfactoria en lo corológico. La asignación de lugar a los suelos en la estructura del paisaje presenta por tanto pocas dificultades, dado que el examen de éstos constituye en realidad una forma muy especializada de geografía física. A diferencia de algunos fisiógrafos y geomorfólogos, el investigador de campo dedicado a suelos no persigue un objetivo no geográfico, sino que se limita a sí mismo a una parte pequeña del campo geográfico.

Las formas del drenaje, por supuesto, constituyen expresiones directas del clima, la clasificación más viable de corrientes, pantanos y cuerpos inmóviles de agua se hace en términos climáticos. Por ejemplo, los páramos son un tipo de pantano de altas latitudes, que constituyen rasgos permanentes en condiciones de baja evaporación. Su crecimiento se ve especialmente favorecido por ciertas plantas, como el musgo sphagnum. Su ubicación no está restringida a las tierras bajas, sino que se extienden sobre superficies muy irregulares mediante la expansión de una zona marginal de vegetación esponjosa. Estos pantanos ilustran la interrelación entre formas físicas areales. Bajo ellos se desarrolla un suelo característico, y aun el subsuelo se ve alterado. Esta superficie pantanosa también protege la superficie terrestre que ha ocupado de los ataques de las corrientes de agua y del viento, y las moldea en formas ampliamente redondeadas. Allí donde las condiciones del clima no favorecen el desarrollo de estos pantanos, tanto en altas como en bajas latitudes, las formas de drenaje, suelo y superficie cambian de manera evidente.

Los recursos minerales se ubican entre las formas físicas en la perspectiva del paisaje físico como hábitat humano. Aquí, el factor geognóstico domina genéticamente. La relación diagramática aún se mantiene en cierta medida, debido a la concentración de minerales tanto en la superficie como debajo de ella, a causa de las aguas subterráneas. Sería pedante enfatizar con fuerza este punto, como tampoco estamos deseosos de enfatizar en la relación genética como un principio necesario.

Formas del mar en el paisaje natural. La relación del mar con la tierra puede ser organizada sobre la misma base que el clima y la geognosis. Los litorales marinos constituyen sobre todo una expresión de la historia tectónica y de la estructura del clima. En términos areales, los climas proporcionan la base más amplia de clasificación, porque la elevación y la subsidencia de las costas han variado y son tan cambiantes – y en distancias tan cortas - en lo que hace a dirección y monto, como para que la clasificación tectónica de los litorales resulte corológicamente insatisfactoria. Los propios mares, evidentemente, están tan relacionados con el clima como la tierra. Sus corrientes, condiciones de superficie, densidad y temperatura pueden clasificarse en términos climáticos con tanta certeza como las formas terrestres.

Formas de vegetación en el paisaje natural. A. v. Humboldt fue el primero en reconocer mediante observaciones sistemáticas la importancia de la vegetación en el carácter del paisaje. “Por mucho que el carácter de las diferentes partes del mundo dependa de la totalidad de las apariencias externas; aunque el perfil de las montañas, la fisionomía de las plantas y animales, las formas de las nubes y la transparencia de la atmósfera componen la impresión general: aun así no puede negarse que el elemento más importante en esta impresión es la cobertura vegetal”.37 Los nexos entre el clima y la vegetación son tan directos y fuertes que resulta posible en gran medida un agrupamiento climático de las formas de vegetación. Algunos geógrafos de las plantas han encontrado la clasificación de asociaciones vegetales más deseable en términos de franjas termales o de humedad.38

Sumario de las relaciones de forma en el paisaje natural. El gran énfasis sobre el clima en los planteamientos anteriores no significa que la geografía deba transformarse en climatología. El área física es fundamental para cualquier estudio geográfico, porque proporciona los materiales con lo que el hombre construye su cultura. La identidad del área física reposa fundamentalmente en una asociación distintiva de formas físicas. En el mundo físico, el carácter genérico del área y su génesis están vinculados de manera tan estrecha que cada uno se convierte en un medio auxiliar para el reconocimiento del otro. En particular el clima –en sí mismo una forma areal– en gran medida oscura en cuanto a su origen, controla en una medida tan amplia la expresión de las demás formas físicas que en muchas áreas puede ser considerado el determinante de las formas de asociación. Sería necesario advertir de manera expresa, sin embargo, contra la noción de la necesidad de un vínculo genético para organizar la fenomenología del paisaje natural. La existencia de tales vínculos ha sido determinada empíricamente. Mediante la observación de las relaciones entre formas hemos descubierto una importante luz en “la obscuridad de su ascendencia”, pero, como geógrafos, no estamos obligados a rastrear la naturaleza de esa ascendencia. Este sigue siendo el problema de la geomorfología, que en efecto aparece ahora más complicado que nunca, una vez aceptada la validez del control climático y de grandes cambios seculares en el clima.

Más allá de eso, la ruta está muy bien marcada. Conocemos bastante bien la composición “inorgánica” del paisaje y, salvo por un excesivo distanciamiento que existe entre la geografía general y la de las plantas, el lugar de la vegetación en el paisaje recibe la atención adecuada.39

La extensión de la morfología al paisaje cultural. El paisaje natural está siendo sometido a transformación por las manos del hombre, el último y, para nosotros, el más importante factor morfológico. Mediante sus culturas, utiliza las formas naturales, en muchos casos las altera, y en algunos las destruye.

El estudio del paisaje cultural es, hasta ahora, un campo en gran parte sin labrar. Resultados recientes en el campo de la ecología de las plantas probablemente proporcionarán muchas orientaciones para quien se dedica a la geografía humana, puesto que la morfología cultural podría ser llamada ecología humana. En contraste con la posición de Barrows en esta materia, la tesis planteada eliminaría la ecología fisiológica o autoecología, y buscaría paralelos en la sinecología. Es mejor no forzar demasiada nomenclatura biológica en la geografía. El nombre ecología no es necesario: se trata, a un tiempo, de morfología y fisiología de la asociación biótica. Ya que reclamamos reconocimiento por la medición de influencias ambientales, podríamos usar, en preferencia a ecología, el término morfología para aplicarlo al estudio cultural, puesto que describe a la perfección el método implicado.

Entre los geógrafos en Norteamérica que se han ocupado de la indagación sistemática de formas culturales, Mark Jefferson, O. E. Baker y M. Arousseau han realizado una destacada labor pionera. Los “hechos esenciales de la geografía” de Bruñes representan quizás la clasificación de formas más culturales más ampliamente apreciada.40 El atlas de población de Suecia41 , de Sten DeGeers, fue la primera contribución importante de un estudioso que ha concentrado su atención de manera estricta en la morfología cultural. Vaughan Cornish introdujo los conceptos de “marcha”, “almacén” y “encrucijada” en una valiosa contribución a los problemas urbanos.42 Más recientemente, Geisler ha emprendido una síntesis de las formas urbanas de Alemania, con el merecido subtítulo de “Una contribución a la morfología del paisaje cultural.”43 Estos pioneros han encontrado un terreno productivo; nuestra literatura periódica sugiere que pronto estará en marcha un movimiento de colonización.

Representación diagramática de la morfología del paisaje cultural. El paisaje cultural es un área geográfica en el sentido final (Choro). Sus formas son todas las obras del hombre que caracterizan el paisaje. Bajo esta definición no nos ocupamos en geografía de la energía, usos o creencias del hombre, sino del registro humano en el paisaje. Las formas de población son los fenómenos de masa o densidad en general, y de desplazamiento recurrente, como ocurre en las migraciones estacionales. El alojamiento incluye los tipos de estructuras construidas por el hombre y su agrupamiento, ya sea disperso como ocurre en muchos distritos rurales, o aglomerado en aldeas o ciudades de planta diversa (Städtebild). Formas de producción son los tipos de uso del suelo para productos primarios, granjas, bosques, minas, y aquellas áreas negativas que el hombre ha ignorado.

El paisaje cultural es creado por un grupo cultural a partir de un paisaje natural. La cultura es el agente, el área natural es el medio, el paisaje cultural es el resultado. Bajo la influencia de una determinada cultura, cambiante ella misma a lo largo del tiempo, el paisaje se ve sujeto a desarrollo, atraviesa por fases, y alcanza probablemente el fin de su ciclo de desarrollo. Con la introducción de una cultura diferente –esto es, proveniente de fuera– se establece un rejuvenecimiento del paisaje cultural, o un nuevo paisaje cultural es sobreimpuesto a los remanentes de otro anterior. El paisaje natural, por supuesto, es de fundamental importancia, pues proporciona los materiales a partir de los cuales es formado el paisaje cultural. La fuerza moldeante, sin embargo, radica en la cultura misma. Dentro de los amplios límites del equipamiento físico del área se ubican muchas opciones posibles para el hombre, tal como Vidal nunca se cansó de señalar. Este es el significado de la adaptación, a través de la cual, ayudado por las sugerencias que el hombre ha derivado de la naturaleza, quizás por un proceso imitativo, en gran medida inconsciente, obtenemos el sentimiento de armonía entre la habitación humana y el paisaje dentro del cual se funde de manera tan adecuada. Pero estos, también, son derivados de la mente del hombre, no imposiciones de la naturaleza, y constituyen por tanto expresión cultural.

La morfología aplicada a las ramas de la geografía
La consolidación de los dos diagramas ofrece una aproximación de la totalidad del contenido científico de la geografía sobre la base fenomenológica por la que hemos procedido.44 Ambos pueden ser expresados de inmediato de un modo que define las ramas de la geografía. (1) El estudio de las categorías de forma per se en su relación general, el sistema de las formas del paisaje, es morfología en el sentido puramente metodológico y es el equivalente de lo que Francia y Alemania, en especial, es designado como geografía general, la propedéutica mediante la cual el estudiante aprende a trabajar con sus materiales. (2) La geografía regional es morfología comparativa, el proceso de situar paisajes individuales en relación con otros paisajes. En pleno sentido corológico, este es el ordenamiento cultural, no natural, de los paisajes. Tal síntesis crítica de regiones para todo el mundo es la contribución de Passarge, que de este modo ha culminado virtualmente una crítica del entero campo de la geografía.45 (3) La geografía histórica podría ser considerada como la serie de cambios por los que han atravesado los paisajes culturales, e involucra por tanto la reconstrucción de paisajes culturales anteriores. De especial interés es la relación catalítica del hombre civilizado con el área, y los efectos del reemplazo de culturas. Únicamente desde este campo difícil y poco abordado podría obtenerse una plena comprensión del desarrollo del paisaje cultural presente a partir de culturas anteriores y del paisaje natural. (4) La geografía comercial se ocupa de las formas de producción y las instalaciones para la distribución de los productos de las áreas.
Más allá de la ciencia

La disciplina morfológica permite la organización de los campos de la geografía como ciencia positiva. Una buena parte del significado del área se ubica más allá de la regimentación científica. La mejor geografía nunca ha desdeñado las cualidades estéticas del paisaje, para las cuales no conocemos otro abordaje que el subjetivo. La “fisionomía” de Humboldt; el “alma” de Banse; el “ritmo” de Volz; la “armonía” del paisaje, de Grandmann, todas se ubican más allá de la ciencia. Estos parecen haber descubierto una cualidad sinfónica en la contemplación de la escena areal, procediendo a partir de un pleno noviciado en estudios científicos y aún así aparte del mismo. Para algunos, cualquier cosa que sea mística es una abominación. Aun así, es significativo que existan otros, y entre ellos algunos de los mejores, que creen que, tras observar ampliamente y mapear con diligencia, sigue existiendo una calidad de entendimiento en un plano más alto que no podría ser reducido a un proceso formal.46





Visiones divergentes de la geografía



La tesis geográfica de este artículo difiere en una medida tan importante respecto a otros puntos de vista, que parece deseable plantear de manera sumaria lo que ha sido expresado e implicado, con el fin de contrastar las diversas posiciones.



La geomorfología como una rama de la geografía. Los geógrafos alemanes, en particular, tienden a ver la geomorfología como una división esencial de la geografía, y utilizan sobre todo el término “Oberflächengestaltung”, o el registro del desarrollo de la forma de la superficie. Las formas consideradas, por lo general, son únicamente las topográficas. El contenido de la geomorfología ha sido definido de la manera más amplia por Penck47 , quien incluyó las siguientes formas: llanuras, laderas, valles, cuencas, montañas, formas cavernosas, litorales marinos, fondos marinos, islas. Esto términos topográficos descriptivos son estudiados por la geomorfología en lo que hace a su derivación, no en cuanto al significado de su uso.

Siendo la geomorfología la historia de la topografía, deriva las superficies del presente de las formas anteriores, y registra el proceso implicado. Un estudio de la geomorfología de la Sierra Madre es una historia del proceso del proceso de escultura dela montaña misma, interesado en el levantamiento del bloque terrestre, y en las etapas de modificación en las que se relacionan de manera compleja entre sí los procesos erosivos, las deformaciones secundarias y las condiciones estructurales. Los rasgos del relieve, en este sentido, resultan de la oposición entre procesos orgánicos y de degradación a lo largo de períodos de tiempo geológico. Ciertos rasgos, como las penillanuras y los restos de terrazas, tienen así un alto valor diagnóstico al examinar el registro de la modificación de la superficie. Estos elementos del paisaje, sin embargo, pueden tener poco o ningún significado en sentido corológico. Para la geomorfología la penillanura ha sido de una gran importancia; la tendencia en la geografía no ha sido afectada de manera notable por su descubrimiento. A partir del complejo topográfico, el geomorfólogo podría seleccionar un conjunto de hechos ilustrativos de la historia de la tierra, pero el geógrafo utilizará un conjunto en gran medida diferente, de hechos que tengan significado en relación al hábitat.

El geomorfólogo, por tanto, tiende a ser un geólogo histórico especializado, que trabaja sobre determinados capítulos de la historia de la tierra, por lo general tardíos. La geología histórica convencional se ocupa sobre todo de la hechura de las formaciones rocosas. El geomorfólogo dirige su atención en el registro a los procesos de erosión y deformación de las superficies. En tal medida ha sido ésta la orientación norteamericana, que en nuestro país tenemos poco trabajo geomorfológico reciente que sea conscientemente geográfico en propósito, esto es, descriptivo de las superficies existentes.

El geomorfólogo puede –y lo hace– establecer una conexión entre los campos de la geografía y la geología, y sus labores contribuyen al progreso de nuestro trabajo. Él adelanta nuestros estudios del paisaje en lo material allí donde ha precedido al geógrafo, y nosotros lo vemos, de manera correcta, como un colaborador potencial en la geografía como en la geología. Una mayor familiaridad con los estudios geomorfológicos y su aplicación constituye una de las necesidades actuales de la geografía norteamericana.

Fisiografía y geografía física. Cuando Huxley volvió a aplicar el término fisiografía, rechazó expresamente el deseo de reformar la geografía física. No estoy ofreciendo lecciones, dijo, “sobre ninguna rama en particular del conocimiento de lo natural, sino sobre los fenómenos naturales en general”.48 El subtítulo de su tratado decía: “Una introducción al estudio de la naturaleza”. Escogió la cuenca del Thames como área para su demostración, no a través de un interés corológico, sino con el propósito de demostrar que cualquier área contenía material en abundancia para la demostración de las leyes generales de la ciencia. De acuerdo a Huxley:



“Me esforcé en mostrar que la aplicación a cualquiera de estos fenómenos de los procesos de razonamiento más claros y sencillos basta revelar, subyaciendo tras ellos, una causa, que a su vez sugerirá otra hasta que, paso a paso, quien aprende llegue a la convicción de que, para lograr incluso una concepción elemental de lo que ocurre en su parroquia debe conocer acerca del universo; que el guijarro que patea a un lado no sería lo que es ni estaría donde está si un capítulo particular de la historia de la tierra, culminado incontables eras antes, haya sido exactamente lo que fue.”49

Las dos ideas centrales en su mente eran la unidad de la ley física, demostrada por los rasgos de la tierra, y la marcha evolutiva del registro geológico. Fue la hora del brillante amanecer del monismo científico, con Huxley oficiando en la observación de las tierras. La fisiografía cumplió ese papel de canon en la educación científica elemental hasta que una era posterior de maquinismo la descartó a favor de la “ciencia general”.

La fisiografía sigue siendo la ciencia general de la tierra, y se ocupa de los procesos físicos que operan en la superficie y la corteza terrestres. Aún encontramos las anotaciones que Huxley introdujo en su texto: el trabajo de la lluvia y los ríos, el hielo y su labor, el mar y su labor, terremotos y volcanes. Estas cosas tienen expresión corológica, pero son estudiadas como procesos generales. Como investigador, el fisiógrafo debe ser por sobre todas las cosas un físico, y su conocimiento de la física y las matemáticas recibe demandas cada vez mayores. El desarrollo de la fisiografía como actividad de investigación discurre a través de los institutos de geofísica. Académicamente, encuentra su mejor lugar como parte de la geología dinámica. El geógrafo probablemente necesite conocer tan poco de ella como de la geología histórica.



Puede uno preguntarse, por tanto, acerca de la propiedad de expresiones tales como fisiografía regional y regiones fisiográficas. Ellas contradicen el significado esencial del tema, y por lo común implican más bien una forma poco rigurosa de geomorfología, que necesariamente tiene una expresión areal. La fisiografía fue concebida como una relación puramente dinámica y es categóricamente incapaz de expresión areal consistente, a menos que se convierta también en un nombre aplicado a la geografía física o a la geomorfología.

Morfología geográfica vs. “influencias geográficas”. El estudio del ambiente físico como un agente activo ha sido recientemente sometido a una crítica mordaz por L. Febvre, con una introducción igualmente incisiva de Henri Berr.50 Ambos se deleitan hasta la saciedad en ridiculizar esta ambición geográfica. La geografía, tal como la ve ellos, debe “ofrecer un ejemplo de la verdadera tarea de síntesis... El esfuerzo de síntesis es una actividad dirigida; no es un descubrimiento prematuro”.51 Los problemas relativos al ambiente “pueden ser de interés para el geógrafo, pero no constituyen su objetivo. Debe precaverse muy bien de aclamar como certidumbres “científicas” teorías de adaptación de carácter “simplista”, que personas más competentes están en vías de completar o corregir”.52 “Cuál es, por tanto, la actitud adecuada en geografía humana? Ella solo puede consistir en la búsqueda de las relaciones que existen entre la tierra y la vida, el vínculo que existe entre el medio externo y la actividad de los ocupantes”.53 La tesis de Vidal de la Blache en el sentido de que en la relación del hombre con la tierra existe menos de adaptación necesaria y más de “posibilismo” es planteada con habilidad y convicción. Salvo por su apasionada devoción al maestro de la geografía francesa, los autores no están realmente familiarizados con el pensamiento geográfico. Ellos no representan de manera adecuada los postulados de la geografía, porque se refieren sobre todo a los propagandistas del ambientalismo, contra los cuales consideran a Vidal como el baluarte principal. Vidal tendrá un lugar de honor en la historia de la geografía, pero ya no estamos muy impresionados por su preocupación por establecer relaciones decentemente buenas con el pensamiento racionalista. El racionalismo ha visto días mejores que estos; ya no necesitamos llegar a términos de entendimiento con él debido a un compromiso diplomático. A pesar de esta deficiente orientación en cuanto al pensamiento geográfico, el volumen ofrece una cualidad dialéctica en relación a una escuela geográfica, que le permite alcanzar un alto nivel de crítica geográfica.

En este país, el tema de la geografía como estudio del ambiente natural ha sido dominante en la actual generación. En el exterior ha llegado a afirmarse que tal es la definición norteamericana de la geografía.54 El término más temprano fue “control ambiental”. A éste le sucedieron “respuesta”, “influencia”, “ajuste”, o alguna otra palabra que no cambia el significado, pero opta por un término más cauto para la sonora declaración de control. Todas estas posiciones son mecanicistas. De alguna manera, aspiran a medir la fuerza que el ambiente físico ejerce sobre el hombre. El paisaje como tal no tiene interés para ellos, salvo aquellos rasgos culturales para los cuales puede ser establecida una conexión causal con el ambiente físico. El objetivo, por tanto, consiste en hacer de la geografía una parte de la biofísica, que se interesa en los tropismos humanos.

La morfología geográfica no niega el determinismo, ni tampoco exige adherirse a tal fe en particular para calificar en la profesión. Bajo la bandera del ambientalismo, la geografía representa un dogma, la afirmación de una fe que trae descanso a un espíritu irritado con el enigma del universo. Fue un nuevo evangelio para la edad de la razón, que estableció su forma particular de orden adecuado y aún de propósito final. La exposición de la fe podía ser llevada a cabo únicamente a través del descubrimiento de testimonios de su eficacia. Para el verdadero creyente existían evidencias visibles de la existencia de lo que él pensaba que debía existir, que no eran aún visibles para aquellos que eran débiles en su fe. A menos que tuviera uno el temperamento adecuado, la continua elaboración de esta única tesis con los débiles instrumentos a su alcance se tornaba espantosamente monótona. En una indagación tal, se sabía de antemano que uno encontraría únicamente variantes de un tema de “influencia”.

La tesis estrechamente racionalista concibe el ambiente como u proceso, y algunas de las cualidades y actividades del hombre como productos. El factor activo es la naturaleza física; el hombre responde o se adapta a sí mismo. Simple como suena, la tesis incurre de continuo en graves dificultades para relacionar respuestas específicas con estímulos o inhibiciones específicos. La influencia directa de los estímulos ambientales es puramente somática. Lo que ocurre al hombre debido a la influencia de su entorno físico está más allá de la competencia del geógrafo; como mucho, puede mantenerse informado acerca de la investigación fisiológica en ese campo. Lo que el hombre hace en un área debido al tabú o al totemismo, o a su propia voluntad, involucra el uso del ambiente antes que la influencia activa del mismo. Parecería, por tanto, que el ambientalismo no ha estado disparando ni a la causa ni al efecto, sino más bien acopiando sus propios señuelos.55

Conclusión

En la colorida realidad de la vida existe una continua resistencia del hecho al confinamiento dentro de cualquier teoría “simplista”. Nos interesamos en “la actividad directa, no en el descubrimiento prematuro” y éste es el enfoque morfológico. Nuestra sección de realidad ingenuamente seleccionada, el paisaje, está atravesando por múltiples cambios. Este contacto del hombre con su hogar cambiante, tal como se expresa a través del paisaje cultural, es nuestro campo de trabajo. Nos interesamos en la importancia del lugar para el hombre, y también en su transformación de ese lugar. Nos ocupamos a un mismo tiempo con la interrelación entre grupo, o culturas, y lugar, tal como se expresa en los diversos paisajes del mundo. Aquí se encuentra un cuerpo inagotable de hechos y una variedad de relaciones que ofrecen un curso de indagación que no necesita restringirse a sí mismo a los estrechos del racionalismo.56

Notas
* University of California Publications in Geography. Vol. 2, No. 2, pp. 19-53. October 12, 1925. Traducción de Guillermo Castro H.

1 Los siguientes discursos, en particular, constituyen una notable expresión de la opinión dominante: Davis, W.M., An Inductive Study of the Content of Geography, Bull. Am. Geog. Soc., vol. 38, pp. 67 – 84 (1904); Fenneman, N. M., The Circumference of Geopgraphy, Ann. Assoc. Am. Geog., vol. 9, pp. 3 – 12 (1919); Barrows, H. H., Geography as Human Ecology, ibid., vol. 13, pp. 1 – 14 (1923).

2 V. Keyserling, H., Prolegomena zur Naturphisophie, p. 11 (1910).

3 Ibid., pp. 8 y 11.

4 Hettner, A., Methodische SEIT und Streitfragen, Geog. Ztschr., vol. 29, p. 37 (1923). Hettner es citado aquí en el más reciente planteamiento de la posición que ha defendido de manera capaz durante muchos años. Para los geógrafos norteamericanos, el discurso de Fenneman de 1919 es de permanente memoria, por su entusiasta declaración de la misma tesis.

5 V. Humbnoldt, A., Kosmos (1845), vol. 1, pp. 64, 65: “En la Antigüedad clásica los primeros historiadores hicieron poco por separar la descripción de la tierra de la narración de los eventos cuya escena se ubicaba en las áreas descritas. Durante un largo tiempo, la geografía física y la historia aparecen entremezcladas de manera atractiva.”

6 Peischel, Zeitalter der Messungen.

7 Penck, A. Morphologie der Erdobertflächer (1894), vol. 1., p.2.

8 Principes de géographie humaine, p. 6 (1922).

9 Sölch, J., Auffasung der natürlichen Grenzen (1924), ha propuesto es término ‘Chore’ para designar la misma idea.

10 “Die Amazonasniederung als harmonischer Organismus”, Geog. Ztschr., vol. 27, p. 49 (1921).

11 Citado por Barth, P., Philosophie der Geschichte (ed. 2), p.10.

12 Barth, op. Cit., p. 11.

13 Ibid., p. 39.

14 On History, pp. 109, 110. El planteamiento se aplica a la historia que simplemente tiene el objetivo de “hacer que el pasado viva nuevamente”. Existe también, sin embargo, una historia fenomenológica, que podría descubrir formas relacionadas y su expresión.
15 Passarge, Grundlagen der Landschaftskunde, vol. 1, p. 1 (1920).
16 Vidal de la Blache, P., op. cit., p. 3.
17 Spengler, O., Untergang des Abendlandes, vol. 1, p. 28 (1922-23): “Kulturen die mit urweltlicher Kraft aus dem Schoose einer mütterlichen Landschaft, an die jede von ihnen im ganzen Verlauf ihres Daseins streng gebunden ist, erblühen.”
18 Ztschr. Gesell. F. Erkunde, Berlin (1923), p. 83. Plantea que el contenido de la geografía se encuentra “en el área (Raum) misma con sus superficies, líneas, y puntos, su forma, circunferencia y contenido. Las relaciones con la geometría, la ciencia areal pura, se tornan aun más íntimas, cuando es considerada no solo un área como tal, sino en su posición con referencia a otras áreas.”
19 La asunción “como si”, planteada por Vaihinger como “Philosophie des Als Ob.”
20 Untergang des Abelandes. La tesis matemático–filosófica del ciclo cultural, la completa antítesis de Bucle en particular, es de tal importancia que debería ser conocida para todo geógrafo, cualquiera sea su posición con respecto al misticismo de Spengler. Existen al menos otras tres visiones similares de la estructura de la historia, según parece descubiertas por separado: el Paideuma de Frobenius (1921); la “Rule of Phase in History”, de Henry Adams (en The Degradation of Democratic Dogma, 1919) y Revolutions of Civilization, de Flinders Petrie (1911).
21 Vegetation der Erde, vol. 1, p.10 (1884).

22 Penck, op.cit., vol. 1, pp. 5, 6.
23 Hettner, op. Cit., pp. 41-46.
24 Krebs, op. Cit., p. 81.
25 Sauer, C.O., The Survey Method in Geography, Ann. Asoc. Am. Geog., vol. 14, pp. 19 ff. (1924).
26 Grundlagen der Landschaftskunde, vol. 1.
27 Ibid., p. vi.
28 Ibid., p. 5.
29 Hamburg Mitt. Geog. Gesell., 1919, No. 1.
30 Sapper, K., Geologischer Bau und Landschaftsbild (1917).
31 Physiologische Morphologie, Hamburg Mitt. Geog. Gesell., vol. 26, pp. 133 ff.
32 Morphologie des Messtischblattes Stadtremda, ibid., vol.28, pp. 1 ff. (1914)
33 Glinka, K., Typen der Bodenbildung (1914); revised and extended by Arman, E., Bodenbildung und Bodeneintelung (1918).
34 Para las formas del desierto existió la síntesis de Johannes Walter, Das Gesetz der Wüstenbildung, publicado por primera vez en 1900.
35 Realizado de manera excelente por Sapper, antes citado, pero fuertemente enfatizado también por Davis, W. M., y Braun, G.; Physiogeographie (ed. 2, 1916), vol. 2, especialmente en los capítulos finales.
36 Grundlagen der Landschaftskunde, vols. 2 y 3.
37 Ansichten der Natur, vol. 2, p.20 (1849).
38 El contenido de las páginas anteriores, que se ocupa de la estructura morfológica del área física, está adaptado de Sauer y Leighlly, Syllabus para una Introducción a la Geografía. (1924)
39 Hettner, op. cit., p. 39, comenta lo que sigue sobre la biogeografía: “La gran mayoría de los estudios sobre la geografía de plantas y animales han sido hechos por botánicos y zoólogos, aun cuando estos trabajos no siempre satisfacen por completo nuestras necesidades geográficas. El botánico y el zoólogo se interesan con plantas y animales, nosotros, con tierras... Cuando se ocupan de la geografía de plantas y animales en este sentido más estrecho, como lo hace por ejemplo Griesebach en su brillante volumen sobre la vegetación en la Tierra, están haciendo trabajo geográfico, tal como ocurre con los meteorólogos que se ocupan de la climatología; puesto que el propósito es geográfico, los resultados encajan de manera más clara en la estructura de la enseñanza de la geografía que en la de la botánica y la zoología, y el conjunto del proceso de pensamiento e indagación, orientado como lo está acerca del clima y el suelo, es geográfico. Nosotros los geógrafos, estamos lejos de ser celosos al respecto: por el contrario, reconocemos esa ayuda con agradecimiento; pero de manera correcta hemos comenzado a hacer también a hacer geografía de plantas y animales, porque ciertos problemas nos interesan más a nosotros que a quienes no son geógrafos y porque disponemos de ciertas preparaciones valiosas para tales estudios” El trabajo de los geógrafos de plantas y animales ilustra la artificialidad parcial de los compartimientos académicos. Ellos necesitan un entrenamiento tan especializado que de ordinario son clasificados como botánicos y zoólogos. Su método, sin embargo, es geográfico en tal medida y sus descubrimientos son tan significativos para la geografía que su trabajo por lo general es más apreciado y quizás mejor evaluado por los geógrafos que por los biólogos. Biólogos que ocasionalmente hacen trabajo de campo, tales como Bates, Hudson y Beebe, han producido trabajos que incorporan en una medida tan importante el paisaje que resultan en realidad geógrafos del más alto nivel de realización. Es cierto, sin embargo, que la vegetación y la fauna pueden ser observadas de manera algo diferente como parte del hábitat humano (¿geografía económica de las plantas y los animales?), antes que como parte de la botánica y la zoología. Aquí se ubica la justificación de la recomendación de Hettner sobre la participación del geógrafo en los estudios de plantas y animales. De vez en cuando, un geógrafo - como Grandmann y Waibel, por ejemplo – ha dominado el campo de la biogeografía para enriquecer el conjunto de su posición.
40 Brunhes, J., Human Geography (1910, Am. ed., 1920)
41 Befolkningens Förderling i Sverige (Stockholm, 1917).
42 The Great Capitals (London, 1923).
43 Die deustche Stadt (Stuttgart, 1924).
44 Las conclusiones presentadas en este ensayo están sustancialmente de acuerdo con el artículo de Satn DeGeer “On the Definition, Method, and Classification of Geography”, Geog. Annaler, 1923, pp. 1-37, con el contraste de que un paisaje “concreto” ocupa aquí el lugar de la relación areal “abstracta” de DeGeer.
45 Vergleichende Landschaftskunde (Berlin, 1923); Ladschaftsgürtel der Erde (Breslau, 1923).
46 Gradmann, R., Das harmonische Landschaftsbild, Ztschr. Gesell. Erdk., Berlin, 1924, pp. 129 – 147 ofrece un buen planteamiento de búsquedas actuales en este campo. Banse ha estado publicando desde 19222 una revista no científica, o anticientífica, Die Neue Geographie, en la que numerosas buenas contribuciones se encuentran encerradas en una repelente concha polémica.
47 Morphologie der Erdoberfläche (1892), vol. 2.
48 Physiography (1877), p.vi.
49 Ibid., pp. Vii, viii.
50 La terre et l’evolution humaine (Paris, 1922).
51 Ibid., p. ix.
52 Ibid., p. 11.
53 Ibid., p. 12.
54 Van Valkenburg, Ámsterdam Tijdschr., K. Ned. Aardr. Gesell., vol. 41, pp. 138, 139 (1924).
55 Kroeber, A.L., Anthropology (1923), pp. 180 – 193, 502 – 503, escruta en la parte que corresponde a la naturaleza en los postulados de los ambientalistas con relación a la cultura.
56 Wissler, Clark, Ecology, vol. 5, p. 331 (1924): “Mientras la historia temprana del concepto probablemente se ha perdido para siempre, existen indicios nada despreciables de que la idea ecológica fue concebida en la misma atmósfera que la teoría del diseño, o de una decidida adaptación. Como quiera que haya sido, los más recientes profesores de ecología se han esforzado en desdeñar todas esas filosofías, salvo la asunción fundamental de que las plantas y el resto de la naturaleza se encuentran en una relación de íntima interdependencia entre sí”. De este modo, “el antropólogo no solo intenta demostrar lo que todas las formas y fuerzas de la naturaleza le han hecho al hombre, pero –incluso con mayor énfasis– lo que el hombre le ha hecho a la naturaleza”. (312) Esta definición de la antropología incluye una gran parte del campo social, y es también una buena definición para la geografía. En la actualidad, la antropología es el estudio de la cultura per se. Si nuestros estudios del hombre y su labor obtienen grandes éxitos de síntesis, una gradual coalescencia de la antropología social y la geografía podría representar la primera de una serie de fusiones en una más amplia ciencia del hombre.

Fonte: POLIS Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 5 Nº15 2006

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